Michael Jordan

Para el comienzo de la década de los noventa, todo mundo conocía a Michael Jordan, su talento para el baloncesto había quedado demostrado y se vaticinaba que iba directo a convertirse, en el mejor jugador de todos los tiempos.

Sin embargo hasta ese momento, no había ganado ningún campeonato de la NBA. Había perdido en semifinales, durante tres años seguidos, contra los “Pistons” de Detroit, lo que hacía que en el medio se dijera de él: Jordan es un gran jugador pero no es un atleta ganador.

Esto frustraba a Jordan quien deseaba con todo sus ser, inmortalizar su nombre en la historia del baloncesto con un campeonato. Así que después de perder en semifinales de nuevo, decidió no tomar vacaciones y trabajar todo el verano, para ser un mejor jugador la próxima temporada.

Al comienzo de la siguiente temporada se podía ver a Jordan más fuerte, más rápido y concentrado en arrasar en cada partido. De nuevo los Bulls se encontraron contra los Pistons en semifinales y en esta ocasión los arrollaron. Ahora por primera vez, Michael jugaría la serie mundial y se encontraba a un paso de ganar su primer titulo profesional.

Los Lakers habían ganado el primer juego pero el equipo de Jordan, había logrado ganar tres seguidos y ahora solo tenían que ganar el quinto partido y serían campeones. Sin embargo, al comienzo del último tiempo el juego se encontraba empatado en ochenta puntos.

El mundo entero sabía lo que los Bulls tenían que hacer para ganar, solo había que darle el balón a Jordan y él se encargaría del resto. Sin embargo, su entrenador Phil Jackson sabía que no era tan sencillo. Sin importar cuantas horas hubiera pasado Michael en el gimnasio, un hombre no gana un partido solo.

En el entretiempo, el entrenador le explicó a Michael que el equipo contrario se había concentrado en detenerlo y si decidía jugar solo, la estrategia sería predecible. Además agregó que en el afán de detenerlo, siempre dejaban libre a su compañero Paxson. Todo lo que Jordan tenía que hacer era atraer la marca y luego pasar el balón; esto significaba confiar sus sueños en las manos de otro hombre. ¿Era ese realmente el mejor plan?

El curso de la historia demostró que sí, Jordan comenzó a pasar el balón y aquel año ganó su primer título e inicio su ascenso a la gloria. Si Michael Jordan, en el mejor jugador de la NBA de todos los tiempos, no pudo derrotar solo a sus enemigos. ¿Qué te hace pensar que tú sí? Jesús nos advirtió de este peligro cuando dijo:

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” (Jn 15:5)

Si luchas solo no podrás vencer frente a las tentaciones del enemigo. Jesús juega en tu equipo, confía tus sueños en sus manos y la victoria será tuya. Solo tienes que pasar el balón.

Pr. Ángel de la Cruz

Deja un comentario