La rosa de Jericó

La Rosa de Jericó es una flor originaria de los desiertos de Arabia y las zonas bañadas por el mar rojo.

Debido a su habitad desértica la Rosa de Jericó ha tenido que adaptarse para sobrevivir.

En épocas de lluvia es una flor verde y hermosa, sin embargo, cuando el agua escasea la Rosa de Jericó comienza a cercarse. Sus flores y sus hojas cmiemzN a caerse, sus raíces se desprenden de la tierra y las partes secas que quedan se encogen, formando un tipo de pelota con el aspecto de una planta marchita.

Para alguien que nunca ha visto una Rosa de Jericó, al encontrarla en esta situación podría pensar que la Rosa se ha marchitado y ha muerto, pero en su interior está rosa posee una cualidad maravillosa.

Sin importar cuán seca y marchita se encuentre, al entrar en contacto con el agua la Rosa de Jericó renace. Sus raíces se arraigan de nuevo a la tierra y renace convertida en una flor llena de vida. Todo lo que necesita, es el mínimo contacto con el agua para reverdecer.

Cuando leí por primera vez sobre la Rosa de Jericó no pude evitar pensar en nuestra condición como cristianos.

A menudo cuando pasamos por el desierto de las pruebas, sin agua a la vista nuestra fe se seca y puede parecer que está a punto de morir. Sin embargo, todo lo que necesitamos es ir a la fuente de agua viva para renacer.

Es por eso que Jesús dijo:

“El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.»

(Jn. 4:14)

Acercate a la fuente de agua viva y permite que haga reverdecer tu fe.

-Pr. Ángel de la Cruz

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