Por allá del año 1633 d.C. Galileo Galilei fue acusado de herejía por afirmar que la tierra no era el centro del universo y que ademas se movía alrededor del sol. Lo acusaron de ir en contra de las sagradas escrituras, pero lo cierto, es que en ninguna parte de la biblia se menciona que la tierra es el centro del universo. Esa era una idea que la iglesia había adoptado de Aristóteles.
La habían adoptado porque así era más fácil explicar porque el Dios y Rey del universo había venido a rescatar a los seres humanos. Después de todo, esta raza era tan especial al encontrarse en el centro de todo lo creado que merecía el sacrificio de Dios.
La persecución a Galileo se desató porque aceptar lo que él afirmaba sobre el universo, era aceptar que la tierra no era tan especial. Que no tenía un lugar prominente en el cosmos y mas bien era solo un planeta más, en una galaxia más, en un rincón del basto universo.
¿Cómo podrían seguir predicando que un Dios todopoderoso, soberano y eterno había enviado a su Hijo a morir de una forma cruel por salvarnos, si solo somos un planeta más en algún callejón del universo? Nadie les creería, razonaban ellos.
Lo que aquellos hombres que obligaron a Galileo a retractarse de toda su enseñanza, bajo amenaza de ser torturado, no lograron entender. Es que el descubrimiento que Galileo hizo, al apuntar su telescopio rudimentario al cielo, era una pieza mas para entender el gran amor de Dios. No fueron capaces de ver que el evangelio no corría peligro, en realidad se volvía más especial. Sus mentes cegadas por siglos y siglos de dogmas no pudieron aceptar que Dios no nos salvó porque fuéramos lo mejor de la creación y sí, porque nos amó a pesar de no serlo.
Si lo hubieran entendido, habrían entonado con gran gozo el mismo canto de los ángeles:
“¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (S. Lc.2:14)
Solo cuando reconoces que no merecemos nada De Dios, es cuando entiendes la belleza de la navidad. La navidad es la buena nueva de que Dios nos amó tanto que envió a su hijo a nacer y a morir por salvarnos.
Hoy mientras convives con quienes amas y disfrutas de la deliciosa cena no te olvides de decir: “Gracias Jesús por nacer”
Feliz Navidad.
Pr. Ángel de la Cruz.
Esta entrada fue originalmente publicada el 24 de diciembre de 2022